HUERTO ESCOLAR

Los niños aprenden en contacto con la realidad, no con un bombardeo de estímulos externos perfectamente diseñado. Tocar la tierra húmeda o mordisquear y oler una fruta deja una huella en ellos que ninguna tecnología puede igualar. Acompañémoslos con nuestro ejemplo y atención. Los niños nacen con asombro, con un deseo innato por conocer. ¿Y qué es lo que causa asombro? La belleza de la realidad. El cerebro humano está hecho para aprender en clave de realidad y los hechos nos indican que los niños aprenden a través de experiencias sensoriales concretas que no solamente les permiten comprender el mundo, sino también comprenderse a sí mismos. Todo lo que los niños tocan, huelen, oyen, ven y sienten deja una huella en su mente, en su alma, a través de la construcción de su memoria biográfica que pasa a formar parte de su sentido de identidad. Catherine L’Ecuyer, autora de educar en el asombro. Extracto de un artículo publicado en Mente Sana, mayo 2015.

Después de la nieve y el hielo, llegó febrero, el mes de los semilleros. Y los invernaderos de los huertos escolares de Torrelodones empezaron a ser ocupados de semillas de todos los colores y tamaños, de variedades locales y ecológicas.

Y como nuestros huertos son eco friendly, no podíamos descuidar a toda la fauna del aire y del suelo que nos ayudan con la polinización, el control de plagas y la descomposición de la materia orgánica. Por eso hemos creado restaurantes de bichos, comederos de aves, bebederos y hasta un museo de las abejas. Porque como dice la canción inventada por Eva la hortelana: “Sin polinizadores no podemos tener acelgas, ni tomates, ni coliflores, ni amapolas”.